32. Profecía dada a Raymond Aguilera el 21 de enero de 1991 en
lenguas y en Español.
¿Qué
quemó a Mi Hijo?
¿Qué
quemó a Mis Hijos, Mis Hijos?
¡Escúchenme!
¡Escúchenme!
Mis
Hijos y Mis Hijas.
Oh
¿Cómo están? ¿Cómo están
Mis
Hijos y Mis Hijas?
Los
amo mucho.
Los
amo mucho.
Los
amo con todo Mi Corazón
Mis
Hijos e Hijas.
Oh
sí, Tesoros. ¡Qué tan preciosos!.
Oh
Mis Hijos, Mis Hijos,
Mis
Hijos y Mis Hijos,
Mis
Hijas, Mis Hijas y Mis Hijas.
Oh
son tantos, son tantos.
¡Oh
sí!
Éste
es su Padre,
su
Padre del Cielo.
Sí,
con Mis Ángeles
y
Mi Hijo, Mi Hijo Jesús
y
el Espíritu Santo.
Estamos
aquí, todos nosotros.
Observando,
observándolos.
Observando
con Mis Manos allá.
Con
Mis Manos arriba.
¡Miren!
¡Mírenme! ¡Mírenme!
Aquí
estoy, aquí estoy.
Sí,
sí estos son Mis Hijos e Hijas.
Observen
a Dios, observen a Dios.
Aquí
están, todos ellos, todos ellos.
Te
los daré
Te
los daré,
todos los buenos,
los
limpios,
los
limpios
pero tendrán que estar limpios.
Oh
Mis Tesoros. Tan preciosos.
Oh
Mis hijos, Mis Hijos observen,
observen.
Lean la Biblia.
El
momento está llegando,
el
momento esta llegando
ahora
Mis Hijos y Mis Hijas.
Oh
son tan Preciosos,
tan
Preciosos, tan Preciosos.
Oh
Mis Hijos, ¡tienen que escucharme!
¡Tienen
que escucharme!
El
Espíritu Santo les va a mostrar.
Les
va a mostrar el Cuerpo,
el
Cuerpo de la Iglesia de Dios,
el
Cuerpo de la Iglesia de Dios,
el
Cuerpo de la Iglesia de Dios.
Les
mostrará todo.
Les
va a mostrar todo.
Pero
tienen que escuchar.
Tienen
que escuchar con sus oídos.
Tienen
que ver, tienen que ver
Mis
Hijos e Hijas.
¡Obsérvenme!
¡Obsérvenme!
Les
estoy hablando.
Les
estoy hablando.
Tienen
que escuchar.
Tienen
que escuchar.
¡Oh!
¡Qué pena!
¡Qué
pena! ¡Oh, qué pena!
Miren
Mis Hijos, les estoy diciendo la verdad.
Tienen
que escuchar.
Les
estoy hablando desde Mi Corazón.
Les
estoy hablando desde Mi Corazón.
¡Apúrense,
miren!
Quiero que se detengan
y
quiero que piensen.
Quiero
que piensen con la cabeza.
Quiero
que no piensen en nada sino en Mí.
Quiero
que piensen en Mí.
Miren,
¡Mírenme! ¡Obsérvenme!
¿Qué
les puedo decir?
¡Qué
pena! ¡Qué tristeza!,
no
Me buscan.
No
Me buscan.
Si
no Me buscan
no
podré ayudarlos.
¡Miren!
¡Miren!
Vayan
a su habitación solos.
Vayan
a la habitación y cierren la puerta.
No
escuchen a nadie sino a Mí.
Oren.
Oren
con su corazón.
Oren
con su corazón,
preparándose
en su cabeza
hasta
que suden sangre,
con
todas las oraciones que hagan.
Pues
está es la forma en
que
tendrán que orar
para
salvarse,
para
salvarse.
Pues
aquí llegan los tiempos
de
los cuales les he hablado.
Del
que les hablé a los padres de sus padres.
Quiero
que oren
en
sus habitaciones, solos, con la puerta cerrada.
¡Escúchenme!
¡Escúchenme! ¡Escúchenme!
No
escuchen a nadie más sino a Mí.
No,
no con su hermano o hermana,
sino
solos, ¡oren solos!
Y
tóquenme,
tóquenme
con su corazón.
Y
con su espíritu.
Pues
estoy ahí,
ahí
sobre ustedes.
Estoy
ahí a un lado,
al
otro lado,
enfrente
y
detrás.
Estoy
ahí, en todas partes.
Estoy
ahí, en todas partes
Hijo
Mío e Hija Mía.
Miren,
vayan a su habitación, cierren la puerta,
cierren
las ventanas, cierren todo,
toda
música, cierren todo.
Oh,
solo en silencio Conmigo.
En
silencio Conmigo, con su Espíritu Santo
y
los escucharé. Los escucharé,
Mis
Hijos y Mis Hijas.
Pero…
no quiero que anden
con
su pecho levantado,
creyendo
que lo saben todo.
No
me agrada. No me agrada.
No
me agrada ninguno, ninguno,
aún
Pastores o
Sacerdotes
se van
y
caminan como si lo supieran todo,
con
su pecho levantado.
Oh,
me produce nausea, me produce nausea,
cuando
veo gente así,
pues
no saben nada.
Creen
que lo conocen todo
pero
no saben nada.
Lo
único que van a conocer es el Abismo.
Todo
lo que van a conocer es el Abismo.
Pues
soy el Padre.
El
Padre de todo.
Y
sé lo que va a suceder.
Tienen
que observar, tienen que observar
los
Sacerdotes que creen que lo saben todo
y
los que manejan las Iglesias.
Pues
encontrarán que el Abismo está cerca.
El
Abismo está muy cerca.
Pues
con el pecho, el pecho
y
de la forma en que llevan el pecho
van
a saber
que
el Abismo está ahí.
Pues
nadie sabe nada
sino
el Padre del Cielo,
con
el Espíritu Santo
y
Mi Hijo Jesús.
¡Eso
es todo! Eso es todo
Quiero
decirles que
tengan
cuidado, ¡tengan cuidado!
Pues
hay muchos que creen
que
lo saben todo,
pero
no conocen nada.
Quiero
que
oren
en sus habitaciones solos,
con
su corazón y con su Espíritu Santo.
¡Escúchenme!
¡Escúchenme!
Éste
es su Padre.
Su
Padre de todo lo que ha sido,
es
y será.
Yo
soy, soy, soy.
¡Mírenme!
¡Escúchenme!
¡Obsérvenme!
¡Escúchenme!
Abran
sus ojos.
Abran
sus ojos.
Abran
sus oídos.
Dirijan
sus oídos en su cabeza,
con
su mente, con sus ojos.
Pues
soy su Padre.
El
Padre de todo.
Oren,
oren todos juntos.
Oren
todos juntos.
Sí,
me agrada que oren
todos
juntos también.
También
me agrada.
Pues
los escucharé.
Pero
cuidado, observen su pecho,
cuidado
con el pecho,
pues
no me gustan los
que
creen que lo saben todo.
No
me agradan. No me agradan,
pues
nadie sabe nada sino el Padre.
el
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