434.- Suceso, Visión y Profecía dados a Raymond Aguilera el 17 de Abril de 1994 a las 11:13 AM.

Mientras el avión aterrizaba en Detroit, el Señor me dio una visión. Me mostró un desagüe transparente sin fondo con agua fluyendo en él por los lados. Más tarde pude ver algunos desechos detrás del agua.

Profecía:

El Señor dijo, “Está hecho.”

Visión:

 Hueco de desagüe....

Recogimos el carro alquilado y continuamos hacia Toronto. Mientras conducíamos en la autopista 401, cerca de 100 Km al sureste de Mississauga, Canadá, mi lengua de oración de combate arrancó sin avisar. Así que nos detuvimos, saqué la cinta de adoración del baúl del carro y la pusimos en el radiocasete. Se inició el combate nuevamente mientras continuábamos hacia Mississauga. No llevábamos más que cinco minutos en la autopista, cuando fui golpeado en el cuello, lo que me hizo callar, pues dejé de respirar, en unos segundos mis pulmones se llenaron de aire y la lucha continuó haciéndose más y más fuerte y con el poder de la lengua de samurai japonés, que había escuchado muchas veces.

Durante está batalla el Señor me mostró una antorcha.

Entonces dijo el Señor, “Ondéala y lucha para abrirte camino, pues nada pude detenerte. Ondea la antorcha y pelea, Ray.”

Veía la antorcha prendida en espíritu, enfrente de mí y estaba moviéndola de lado a lado, mientras mi Hermano Cristiano oraba en Inglés y manejaba el carro, yo oraba con toda clase de extraños sonidos saliendo de mi lengua de oración.

Escuchábamos música de adoración mientras orábamos, a lo largo de un amplio trecho de 20 Km de territorio de ocupación demoníaca. El Señor me inspiró en espíritu la sensación que esta zona estaba bloqueada por Él, para que las fuerzas demoníacas no pudieran penetrar la zona de guerra de Mississauga y que yo tenía que pelear mi camino de entrada. La impresión que me dio el Señor era que Él estaba protegiendo esta zona para que los refuerzos demoníacos externos no pudieran penetrar para ayudar a los demonios aislados dentro del perímetro y que los espíritus territoriales locales habían sido desconectados y dejados a sus propios recursos.

Llegamos a Mississauga cerca de treinta minutos antes de que empezara el servicio de la tarde del Domingo en la Confraternidad de la Viña. Le conté a mi Hermano Cristiano que el enemigo me había sacado del combate antes de llegar a Mississauga. Pues mis pulmones estaban lastimados y mi voz casi había desaparecido por la lucha que habíamos encontrado una hora antes, cuando entrábamos al perímetro protegido. Yo estaba completamente agotado.

Nos bañamos rápidamente y continuamos hacia el servicio del Domingo en la iglesia. El servicio ya había comenzado así que nos sentamos en la parte de atrás de la iglesia.  Intenté levantarme y adorar pero estaba muy agotado, así que me senté e intenté orar por instrucciones y varias veces casi me caigo del asiento dormido.

Continuaba diciéndome, “Hazte fuerte, estoy aquí para interceder y no para dormir.”

Tomé una respiración profunda, sentado y el Señor me dio una Profecía.


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